El nuevo coronavirus puede transmitirse entre humanos, pero surgió en un mercado de vida silvestre

Tras confirmarse el virus en varios países, los trabajadores de la salud analizan brotes similares en el pasado para encontrar antecedentes.

Un trabajador con traje de protección en el mercado de mariscos en Wuhan, China, en el ...

Parece que la historia se repite.

Hace casi 20 años, en los mercados de vida silvestre del sur de China, apareció un virus diferente a todos los que se conocían. Fue durante el invierno de 2003, y las víctimas padecían fiebre, escalofríos, dolor de cabeza y tos seca, todos síntomas típicos de la temporada de resfríos y gripe.

Pero esta afección pronto se convertiría en una forma mortal de neumonía, que perforaba los pulmones y provocaba insuficiencia respiratoria grave en una cuarta parte de los afectados. Si bien en la mayoría de las infecciones, el número de personas que se contagian suele ser tres, algunos de los afectados se convirtieron en «superpropagadores», es decir, pacientes que, sin saberlo, transmitieron la enfermedad a doce personas más. Al cabo de siete meses, la epidemia del síndrome respiratorio agudo grave (SRAS, por sus siglas en inglés) se detuvo y dejó más de 8.000 casos y 800 muertos en 32 países.

Por eso, hoy las autoridades internacionales están consternadas ante la aparición de un nuevo virus relacionado con el SARS, que se originó en el centro de China. En apenas tres semanas, la enfermedad se ha extendido hasta las principales ciudades como Beijing, Shanghai y Shenzhen, así como a las vecinas Taiwán, Tailandia, Japón y Corea del Sur. El martes, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) informaron el primer caso en los Estados Unidos, en el estado de Washington.

«Se ha confirmado el contagio de persona a persona, pero aún se desconocen los detalles acerca del modo en que se propaga este virus», afirmó Nancy Messonnier, directora del Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Respiratorias en los CDC, en una conferencia de prensa donde anunció que se está desarrollando una prueba genética rápida para el virus de Wuhan. «En este momento, estamos haciendo pruebas para este virus en los CDC, pero en las próximas semanas planeamos compartir estas pruebas con organismos nacionales e internacionales».

Al momento de publicación, se han reportado casi 300 casos y seis muertes, y la Organización Mundial de la Salud organizará una reunión de emergencia el miércoles para decidir si el brote representa una emergencia de salud pública de preocupación internacional. Los epidemiólogos estiman que ya existen miles de casos. El viernes pasado, los CDC anunciaron que el screening del nuevo virus comenzaría en los tres principales aeropuertos de EE. UU., pero el primer afectado de EE. UU. apareció antes de que este se pusiera en marcha.

Al igual que con el SARS, todo parece haber comenzado a partir al comercio de vida silvestre, y a los virólogos no les sorprende.

«Si cerráramos los mercados de vida silvestre, ya no tendríamos más de estos brotes», sostiene Ian Lipkin, director del Centro de Infección e Inmunidad de la Universidad de Columbia (Columbia University), cuyo laboratorio trabajó con especialistas chinos para desarrollar pruebas de diagnóstico tempranas para el SARS.

Esto se explica porque tanto el SARS como el nuevo brote son zoonóticos, lo que significa que estas enfermedades comenzaron en animales antes de propagarse en humanos. Las enfermedades zoonóticas son las más infames. El VIH, el Ébola y la gripe H5N1, por ejemplo, se esparcieron en la vida silvestre antes de que el contacto con humanos provocara brotes en todo el mundo. En el caso del SARS, las personas vinculadas a la gastronomía, los que tuvieron contacto con animales salvajes al manipularlos, venderlos o matarlos para el comercio, representaron casi el 40 por ciento de los primeros casos. Además, los primeros episodios se dieron en personas que vivían a una corta distancia de los mercados de vida silvestre.

Los murciélagos y el origen del virus

Las autoridades de la salud informaron acerca del nuevo brote el 31 de diciembre por primera vez, anunciando una serie de casos similares a la neumonía vinculados con un mercado de mariscos en la ciudad de Wuhan, un lugar muy concurrido en el centro de China con más de 11 millones de habitantes. Pero CNN informó que este mercado de la «Ciudad de los mariscos del Sur de China» vendía más que mariscos, y difundió videos que supuestamente muestran perros mapache y ciervos dentro de pequeñas jaulas.

¿Por qué estas condiciones podrían generar enfermedades zoonóticas?

«Cuando reúnes animales en estas situaciones antinaturales, corres el riesgo de que se originen enfermedades entre los humanos», afirma Kevin Olival, ecólogo de enfermedades y conservacionista de la EcoHealth Alliance. «Si los animales están encerrados en malas condiciones y bajo mucho estrés, es muy factible que difundan el virus y generen enfermedades».

Esta interacción entre el virus y los animales también puede dar indicios para localizar el origen de una epidemia. Los virus van mutando a medida que se propagan y multiplican, y los virólogos y los biólogos de la vida silvestre se sirven de esta información para rastrear la evolución de una enfermedad, incluso si se contagia entre animales.

El SARS y el nuevo virus del brote de Wuhan están muy relacionados, ambos pertenecen a una familia llamada coronavirus. Los coronavirus son una gran familia de virus, algunos de los cuales causan enfermedades en las personas, mientras que otros se propagan entre animales, entre estos, los camellos, gatos y murciélagos.

Cuatro meses después de que comenzara el brote de SARS a principios de 2003, los equipos de investigación en Hong Kong realizaron pruebas en perros mapache, civetas de las palmeras y tejones, y descubrieron parientes cercanos del coronavirus del SARS, la primera evidencia de que la enfermedad existía en seres no humanos.

El descubrimiento desencadenó una oleada de investigaciones virales en la vida silvestre, que concluyeron que los murciélagos de herradura (Rhinolophidae) en China eran la fuente probable del SARS. Finalmente, estudios realizados en todo el mundo revelarían que, durante años, se habían propagado antepasados ​​y parientes del SARS en murciélagos de Asia, África y Europa. Ahora, los murciélagos se consideran el origen de todos los principales coronavirus.

«La propia secuencia genética del virus puede llevarte a la fuente», explica Olival. «En el caso de Wuhan, el vínculo más cercano son otros coronavirus relacionados con el SARS que se encuentran en los murciélagos».

Los estudios de vida silvestre realizados por EcoHealth Alliance en China y en otras partes de Asia revelan que, en los animales, la mayor prevalencia de coronavirus tiende a formarse en las heces o el guano en el caso de los murciélagos. Los coronavirus no solo se propagan por el aire y vías respiratorias, sino también si la materia fecal entra en contacto con la boca de otra criatura. Los murciélagos no suelen ser muy limpios, por lo que si uno muerde una fruta, la comida puede contaminarse con materia fecal. Si la fruta cae al suelo, es probable que el virus llegue a otros animales de granja como las civetas.

Camellos, mamíferos y vacunas

Hasta ahora, parece que los coronavirus de origen animal que llegan a los humanos pocas veces causan enfermedades graves. El SARS fue el primer caso registrado de un brote de coronavirus, y a este le siguió el Síndrome Respiratorio de Medio Oriente (MERS, por sus siglas en inglés), un virus similar que se esparció en Arabia Saudita en 2012, pero que también se extendió por otras partes del mundo.

El MERS aportó más información. El coronavirus del MERS provenía de murciélagos, pero se valía de mamíferos domesticados, en este caso, camellos, como puente para llegar a los humanos. El primer caso de MERS fue protagonizado por un hombre de 60 años, dueño de cuatro camellos, que dormían en un prado al lado de su casa.

Gracias a un estudio de 2014 realizado por el laboratorio y zoólogo de Lipkin, Abdulaziz Alagaili, en la Universidad King Saud, se descubrieron anticuerpos contra el MERS -un signo de infección revelador-, en muestras de sangre de camello que datan de 1993. El virus del MERS había circulado durante más de 20 años sin ser detectado.

«Trabajamos en dos mataderos en Arabia Saudita, donde se mataban camellos», comenta Lipkin. “En algunos casos, lavaban la carne con mangueras de alta presión, y luego la envolvían con plástico termoencogible. Podías encontrar el coronavirus del MERS en la carne que venden en los supermercados”.

Cada año, Arabia Saudita importa miles de camellos de naciones africanas, muchos de las cuales sirven como fuente de alimento, especialmente durante la peregrinación musulmana. Los biólogos detectaron signos de infección por MERS en camellos procedentes de países africanos como Etiopía, Kenia, Túnez, Egipto y Nigeria.

A diferencia del SARS, que duró solo un año, en Arabia Saudita hubo casos del MERS en humanos hasta el año 2017. Pero esta duración hizo posible que se trabajara en el desarrollo de una vacuna, ya que había una población constante para realizar las pruebas y saber si el tratamiento era efectivo.

«Podríamos vacunar a las personas que estaban en contacto constante con camellos, como los beduinos y los trabajadores de los mataderos», explica Lipkin.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, nunca se materializó ninguna vacuna contra el MERS. Hasta hoy, no existe un tratamiento específico para el SARS o MERS.

Dado que no existe ningún medicamento, la única forma de controlar el SARS, el MERS y ahora el coronavirus de Wuhan, es evitar el contagio, lavándose las manos, respetando las cuarentenas y manteniendo una higiene rigurosa.

El caso de Wuhan

Es difícil saber qué pasará con el coronavirus de Wuhan. En el espectro de las epidemias, el SARS tenía un pronóstico de alcance muy elevado, mientras que el MERS era mortal pero mucho más leve en términos de alcance.

La mayoría de las afecciones similares a la neumonía perjudican principalmente a las poblaciones adultas, pero el SARS podía perforar los pulmones de un adulto joven al igual que el de una persona mayor; la edad promedio de las víctimas del SARS rondaba los 40 años. EL MERS, por el contrario, era más grave en pacientes mayores de 50 años, y afectaba principalmente a quienes ya tenían afecciones.

«Se desconoce si este virus de Wuhan se extinguirá o si evolucionará y causará enfermedades», explica Lipkin. «Todavía no podemos afirmar que haya superpropagadores, y espero que esto no se confirme nunca. Pero tampoco sabemos cuánto tiempo dura este nuevo coronavirus en las superficies, ni por cuánto tiempo permanece el virus activo una vez que la persona se ha infectado».

Al principio, según la información oficial, todos los coronavirus de Wuhan se propagaban a partir de animales, pero ahora la enfermedad parece estar contagiándose de humano a humano. El lunes, las autoridades chinas confirmaron que el virus atacó a 14 trabajadores de la salud; y el paciente de Washington informó que había pasado por Wuhan.

Aún resta saber cómo es que el coronavirus de Wuhan llegó a los humanos, y esto seguirá siendo un misterio hasta que China publique más detalles sobre lo que había en el infame mercado de mariscos. Las autoridades cerraron el acceso al mercado el día de Año Nuevo. Los investigadores están trabajando para identificar qué animales podrían portar y propagar el virus tanto en China como en el extranjero.

A partir del brote de Wuhan, las autoridades se preguntan si hay que mejorar la supervisión del comercio de vida silvestre o si este debe prohibirse definitivamente.

«Una medida simple es reducir el comercio de vida silvestre y hacer una limpieza en los mercados de vida silvestre», sostiene Olival. «Restringir el comercio de vida silvestre es una medida positiva ya que protege las especies de la naturaleza y reduce la propagación de nuevos virus».

FUENTE: National Geographic